Valsalobre 20-21 Mayo 2017




El viernes 19 de mayo quedamos a dormir en el refugio de la torreta de Valsalobre Jorge y yo con gente Interclub Valenciano de Espeleología. (IVE) querían hacer una salida y les propuse que vinieran a echar una mano a la zona de exploración del Viana y vaya si echaron una mano...
Esta salida de trabajo la preparamos dos semanas antes Jorge y yo con visitas a Z3 y Juana 1, pero esto os lo contará él. Así que ya teníamos los objetivos y trabajos programados para la salida. El plan del sábado era el siguiente:

-Javier del Alfa y Antonio de Viana se darían un buen pateo de prospección exterior para localizar alguna boca interesante que seguramente haya que revisar e identificar correctamente.

-Chema del alfa, Pedro de IEV, Diego y yo iríamos a la Juana 1 a la base del pozo de 98 antes de la bajada al último pozo a echar un ojo a la chimenea. Sondeo de la altura y comienzo de escalada.

-Flecha, Miguel, Eva, José Antonio del IEV irían con Jorge del Viana a ver una incógnita en la Z3.
Ya estaba el plan solo quedaba ejecutarlo¡¡¡

Prospección: Antonio y Javier del alfa dieron un buen paseo y consiguieron localizar varias bocas.  ¡Alguna de ellas tenía muy buena pinta!, más faena... Le daremos un vistazo a ver si se encuentran ya catalogadas y cuáles son si es así.

En la Juana 1 instalamos la cavidad entre diego y yo, luego nos seguían Chema y Pedro IEV.

Llegamos a la zona de trabajo, nos pusimos a preparar la escalada y el sondeo de altura de la chimenea. La verdad que fue divertido lo de los globitos ¡¡ nos dio una altura de chimenea de 35 metros y tenemos la casi seguridad que no pudieron pasar una grieta que todavía sube más.




La escalada fue muy bien y Chema nos dio algún consejillo muy útil la verdad. Se ganaron unos 10 metros y llegó la hora marcada para salir así que lo dejamos ya para seguir en otra ocasión.



Subí yo el primero con la tira de globos atada, la verdad que muy divertido eso de llevar colgados los globitos a través del pozo hasta la salida jejeje.


En una parte de la cavidad se me colaron y cuando los estaba sacando al pozo principal me di cuenta que ese sitio tiene muy buena pinta, tendremos que mirarlo.... no cerramos un frente y abrimos otro no puede ser ¡¡¡ Pero un momento eso es bueno ¿no?. Detrás de mi iba Diego, Chema y Pedro desinstalando la parte inferior del pozo hasta la sala.


La gente de IEV junto con Jorge en la Z3 consiguieron entrar en las zonas nuevas y bajar un pequeño resalte de 4 metros que daba acceso a una ventana que asoma a un pozo que termina en el lago en una sala bastante grande, ahí se asoma a otros dos resaltes. Esto aquí puesto en un solo párrafo parece poco, pero detrás hubo mucha faena, fe y sacrificio, eran las personas adecuadas para hacer esto.



La verdad buenos resultados por lo que volvieron muy contentos y con ganas de volver a estar el domingo, eso supuso torcer los planes de sábado noche ambiente de refugio, así que todos pronto a dormir y el domingo vuelta a la Z3.


Realmente la excusa de la salida era preparar la campaña de este año de picos, así aprovechamos la tarde noche para hablar de los futuros objetivos y la disponibilidad del personal.


El plan del domingo se reescribió debido a los resultados positivos en la Z3. Como dejamos la sima Juan Herranz 1 instalada hasta la sala con la previsión de hacer una visita corta la mañana del domingo y dar por finalizado el fin de semana. Esto supuso a Pedro IEV bajar a desinstalar antes de irnos los dos a la Z3.
En la Z3 ya estaban José Antonio, Eva, Miguel y Flecha retomando la faena del día anterior, la idea era bajar el primer pozo localizado y echar un vistazo más abajo que por tiempo y material se tuvo que dejar para otra ocasión. 
Yo me acerqué a ver las zonas nuevas mientras Pedro se ocupe de fraccionar el largo pozo final para agilizar la salida en las futuras entradas.
Se instaló el resalte que antes destrepábamos y el siguiente pozo. Lo demás se sondeó con muy buena pinta ya que abre la cavidad y se observan otros dos resaltes más con lago que nos tienen en ascuas.


Volveremos con refuerzos, material y ganas en breve.

Os seguiremos informando¡!
Mi más sincero agradecimiento a Jorge, Diego, Antonio, Chema, Javier y a la gente de IEV (Eva, Miguel, Pedro, José y Fletxa) por este magnífico trabajo y mejor fin de semana.



Torca del Carlista (13-05-2017)

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El puente de San Isidro, aprovechando que disponíamos de tres días, Pepe, Álvaro y yo decidimos desplazarnos hasta Cantabria para hacer la mítica Torca del Carlista.
Desde “tiempos inmemoriales” había oído hablar de ella y por ello tenía muchas ganas de conocer esta sima. Además, la cantidad de anécdotas que me habían contado sobre ella y la imagen en mi cabeza de ese gran pozo que se abre al abismo, no hacían más que acrecentar mis deseos de penetrar en su interior.

Salimos hacia Arredondo con la intención de alojarnos allí. Marcaban lluvias por la zona para esos días, así es que, teníamos la esperanza de que la meteorología no chafase nuestro plan. Cuando llegamos, alguien le comentó a Pepe que habíamos venido con “una mala previsión”, ya que llevaba lloviendo más de seis horas... ¡Bueno!, pensamos, ya veremos cómo se levanta el día mañana y decidiremos…
La noche, como todas las anteriores a un buen plan de espéleo, se tornó agitada…, no sé cuántas vueltas pude dar en la cama. Por fin amaneció y lo primero que hicimos fue “lanzarnos” corriendo para abrir la puerta y comprobar qué tiempo hacía. Lucía un sol espléndido y una gran sonrisa se dibujó en nuestros rostros.
Tomamos rumbo a Ranero (Vizcaya)  e íbamos encantados hablando del magnífico plan que habíamos programado a pesar de “la mala previsión”, jjj…Una vez en el aparcamiento de la cueva turística de Pozalagua, nos vestimos para la ocasión y empezamos a ascender hacia la entrada del Carlista. Seguimos una empinada senda que discurre junto a la valla que protege de posibles caídas a la cantera. En este punto de la historia, recordaré a Pepe la pregunta que le hice unos días antes sobre si me llevaba el GPS con la track. La respuesta  que me dio, y cito textualmente, fue la siguiente: “No hace falta, podría llegar a la boca con un pañuelo en los ojos”. Bien, pues seguimos subiendo y subiendo, y entre un ¡mira los caballos! y un ¡vaya vistas!, nos encontramos en otro pico diferente al del Carlista y tuvimos que dar “la gran vuelta a Vizcaya” pasando por Cantabria para encontrar la entrada a la sima. Todo esto me brindó una buena oportunidad para comentarle a Pepe, que si en un principio, su idea de ir con los ojos vendados  me pareció descabellada, después del tour no la hubiese descartado tan a la ligera.
Ya en la boca, repusimos fuerzas ingiriendo nuestros víveres y por supuesto, no faltaron ni el cachondeo ni los comentarios sobre la subidita.

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Pepe comenzó a instalar, Álvaro le siguió y yo bajé la última.

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Enseguida nos plantamos en la famosa repisa del soberbio P85. Álvaro y yo nos lo habíamos imaginado tantas veces, que el estar por fin ante él, nos produjo una gran emoción.
¡IMPRESIONANTE!, no defraudó nuestras expectativas.
El ansia se apoderó de Álvaro y decidió bajar el primero.

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Yo bajé después de Pepe, disfrutando de ese gran volado que se abre ante la más absoluta oscuridad… ¡qué gozada!
Una vez abajo, no paramos de comentar una y otra vez el descenso. Comenzamos a destrepar entre los enormes bloques de piedra, que sería la tónica dominante a lo largo del recorrido.
Según descendíamos, la sensación de no ver ni las paredes ni el techo de la sima, nos daba la impresión de estar realizando una travesía nocturna al aire libre, ya que la oscuridad que nos envolvía era como el cielo en una noche oscura.
Bajamos y bajamos, y menos mal que se nos ocurrió sacar la brújula y la topo para redirigir nuestro rumbo, porque si no, hubiésemos hecho la secuela de “la gran vuelta a Vizcaya” pero en versión subterránea.
Muy cerca de las profundidades de la cueva vas descubriendo excéntricas, columnas gigantes y toda clase de formaciones que confieren a la cavidad una belleza singular.

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Una vez terminado nuestro recorrido, tocaba trepar todo lo que anteriormente habíamos bajado. La verdad es que la subida se hizo bastante más corta que la bajada, y el grito de Pepe de: ¡Ya veo la cuerda!, nos dio una gran alegría.
Hicimos el picnic a pie de cuerda y esta vez, decidí yo subir la primera, mientras Pepe y Álvaro descansaban sentados, uno en una piedra, tal cual, y el otro en una “súper piedra” respectivamente.

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Según iba subiendo atravesando la oscuridad, tenía la sensación de estar flotando en el espacio; el techo de la cueva no lo vi hasta que no subí bastantes metros, y por supuesto, las paredes “no existían”. Mientras subía, iba perdiendo las voces de mis compañeros. Una vez arriba, empezó el ascenso Álvaro, y después de un buen rato oímos desde abajo la voz de Pepe que decía: “Álvaro, tío, vaya asiento que te has buscado, ahora lo entiendo, esto es un sofá!, y el otro le responde, colgado de la cuerda, ¡es mi triclinium! Seguía subiendo,  y de pronto, como por encantamiento, surgió la voz de Álvaro cantando, la acústica era increíble. En algún momento, decidió pasar de los “cánticos” a los cálculos matemáticos, y empezó a calcular en voz alta las pedaladas que tenía que dar para llegar arriba. Vamos, que no se calló en toda la ascensión. Lo peor es que Pepe desde abajo le seguía en sus cuentas. A esta parte del reportaje, podemos titularlo “Memorias de un volado”, porque es curioso las cosas que se te pasan por la cabeza para distraer tu mente, sobre todo, a mitad de pozo, cuando ves equidistante el suelo y el techo, del punto del que estás colgado y tienes la sensación de que no avanzas, que solo pasas cuerda por el croll.
Luego empezó a subir Pepe. Después de un rato le oímos decir: “¡Qué bien, solo me quedan diez metros!”, y nos asomamos para verle llegar. Sin embargo, nuestra sorpresa fue verle ingrávido a mitad de pozo todavía, por lo que Álvaro le contestó: “¿Cómo que qué bien?, ¡si ni siquiera has entrado en la campana! Las risas no se hicieron esperar.
Entre comentarios y pitorreos, estábamos ya todos arriba. Yo, antes de que llegase Pepe a la repisa, empecé a subir el resto de los pozos para agilizar la salida.

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Una vez que estuvimos todos fuera, iniciamos el descenso por la ladera. Eran las 8:30 y lucía una tarde estupenda.
Mientras nos dirigíamos hacia el alojamiento, compartimos la satisfacción de haber pasado una jornada memorable y divertida. Durante la cena, y como ya es habitual entre nosotros, recordamos las innumerables anécdotas que nos acontecieron a lo largo de esta aventura, incluyendo los pensamientos en el volado, que fueron muy divertidos. Después, durante la sobremesa hubo “duelo de pacharanes”; pero esto ya os lo contaremos con más detalle cuando quedemos a tomar unas cervecitas.
Esta vez quiero terminar el reportaje citando a Séneca:
“No nos falta valor para emprender ciertas cosas porque son difíciles, sino que son difíciles porque nos falta el valor para emprenderlas.”




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